25 de septiembre de 2020

Hipersensibilidad al ruido y qué hacer cuando no te gusta ser una PAS

El único verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en mirar con ojos nuevos

Marcel Proust

No aguanto los ruidos. Como muchas otras PAS. Me ponen de mal humor, me irritan y me hacen querer acabar con todos los altavoces del mundo.

No es solo culpa de la alta sensibilidad. Es la alta sensibilidad más todas las batallas que he tenido que vivir y que hacen que a veces mi cuerpo esté en una especie de estado de hipervigilancia. Como les pasa a otras PAS.

Y la vida no es siempre fácil cuando no puedes salir de casa sin que los ruidos te molesten tanto como a mí.

La hipersensibilidad a los ruidos es algo que dificulta un poco el vivir en sociedad. A no ser que vivas en medio del campo tu sol@, que los que tenemos este dilema, lo hemos pensado tod@s muchas veces…

En los momentos donde no puedo aguantar más el ruido, no me parece que ser altamente sensible sea un don, la verdad. Pero tampoco me fuerzo a pensar o sentir todo el rato que tenga que serlo. Esto es un error.

Porque el rasgo es como esas gafas que tienes siempre puestas desde que naces hasta que mueres (y que a diferencia de unas gafas de verdad, no te puedes quitar) que dotan a tu vida de unos colores, unos matices determinados y que te hacen ir por el mundo con un filtro determinado que es diferente al de la mayoría.

Ni mejor ni peor. Tan solo diferente.

Pero tú eres mucho más que las gafas, claro. Eres María o Pedro o quien sea y tienes un cuerpo, un alma, unas circunstancias personales, una educación, un cociente intelectual, un contexto determinado y muchos más factores… todos ellos filtrados por el cristal de la alta sensibilidad.

Y no puedes quitarte esas gafas. Por mucho que algunas veces lo hayas deseado. Ni tampoco ignorarlas. O bueno, sí, puedes ignorarlas, pero aun así vas con ellas puestas a todos lados.

Están ahí y hacer como que no están tiene un precio muy alto en tu vida. Imagínate.

Y ha habido muchas veces en tu vida donde no te ha gustado tener que llevar esas gafas y tienes muchos días donde te sigue no gustando. Cuando la vida te enseña su lado más amargo pues no te gusta ser así, porque vives lo desagradable y doloroso de manera aumentada.

Así que cuando no me gusta ser así, altamente sensible me recuerdo que ser una PAS no ha sido realmente nunca el problema.

Que el problema siempre ha sido no conocerlo, no saber gestionarlo y vivir como si no fuese una PAS. Y que por mucho que lleve recorrido aún me quedan cosas que trabajar.

Y que por mucho que me siga trabajando a veces seguirá siendo difícil ser así porque la sociedad tal y como está hecha no acompaña mucho que digamos, a los que tenemos un sistema nervioso con las características de las PAS.

Esto es así. No es que me guste. Es que lo acepto. Porque luchar contra ello me ha traído muchos quebraderos de cabeza.

Me recuerdo que todo lo malo que me he dicho a mí misma sobre la alta sensibilidad no se va de un plumazo.

Porque la mente no funciona haciendo borrón y cuenta nueva y lo mismo no puedes programar tu mente, como se ha puesto ahora de moda decir, porque si pudieras ya te habrías quitado o desprogramado aquello que está en ti y que te resulta doloroso.

Me recuerdo también que durante años he hecho de mi alta sensibilidad (aunque no conociese que existía y que yo era así y lo dijese con otras palabras) mi chivo expiatorio, la causa de mis sufrimientos, así que me sigue resultando fácil ahora seguir culpando al rasgo de la mayoría de mis problemas… 

Me recuerdo que el culparme a mí misma por ser de una manera, reaccionar de una manera (exagerada a los ojos de la cultura en la que vivo) no me hace sufrir menos ni soluciona mis problemas sino lo contrario. Y me niego a patearme a mí misma, metafóricamente hablando cuando estoy ya en el suelo.

Me recuerdo que NO TENGO LA CULPA de cómo mi sistema nervioso reacciona ante los estímulos (especialmente a los ruidos en mi caso) y me doy comprensión y amor cuando estoy cansada y con sobreestimulación.

Me acuerdo también de toda esa gente que he visto y veo que luchan contra ser una PAS, algún familiar, amigo, algún cliente que quiere “curarse de ser PAS”.

Y me entra mucha compasión hacia su dolor y hacia el mío propio también.  Me acuerdo de todo lo que he peleado por estar aquí y que no siempre ha sido fácil. Al revés. Y me niego a ponerme las cosas más difíciles.

Y me recuerdo que, aunque no lo parezcan a primera vista para alguna gente, la gente que lucha por no ser quienes son tienen una vida que yo no deseo. Tienen mucho sufrimiento, más del que tendrían si por fin se aceptasen como son. Me recuerdo que luchar contra quién soy NUNCA es el camino.

Y por último me recuerdo todo lo bueno y lo bello que me trae ser altamente sensible y me hago el compromiso conmigo misma de no darlo por sentado, de acordarme de que cuando disfruto con tantas cosas y veo una belleza inmensa en el mundo...también es por la alta sensibilidad.

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