30 de septiembre de 2022

Empatía en las PAS. No es lo que parece

Me canso mucho porque todo me afecta y me conmueve. Nada me deja indiferente.

Cada persona que veo afecta mis sentimientos, mi simpatía, mi piedad; o despierta mi creatividad.

Tengo que entrometerme en vidas rotas, reparar, dar vida a los ahogados, levantar a los caídos.

Anais Nin

Uno de los temas relativos al rasgo de la alta sensibilidad en donde hay seguramente más confusión es en el de la empatía.

Porque una cosa es que las PAS tengamos una capacidad de empatía alta o más alta que la media de gente y otra cosa bien diferente es cómo la utilicemos.

Empezamos por el principio.

La empatía está considerada como uno de los 4 pilares del rasgo. Es algo que además, se ha medido de manera objetiva por resonancia magnética.

Estas pruebas nos indican que efectivamente a las PAS, en términos llanos y generales se nos activa más la zona cerebral encargada de la empatía ante determinados estímulos.

Bien. Hasta aquí la parte científica.

Luego está la parte subjetiva que es la que tiene que ver con el qué hacemos con esa capacidad empática.

Y es que muchas veces confundimos la empatía con una de las tantísimas historias que nos cuenta nuestra mente y que nos creemos al pie de la letra.

Me explico: pasa que ves algo en otra persona, o te cuenta lo que sea que le pase y tu mente orientada a las soluciones y a la ayuda, en base a esos (escasos) datos que intuyes o que te dan, fabula e imagina cómo se siente el otro y lo que debería (o no) de hacer.

Y esa narración mental está construida según tu propia historia de vida, tus prejuicios, tus sesgos, tus miedos, tus mapas mentales y tantas otras variables personales.

Y muchas veces, esa historia que te cuenta tu mente tiene poco o nada que ver con lo que está pasando en realidad, con quién es la otra persona, con cómo se siente, con lo que le sucede o con lo que necesita.

También ocurre a menudo que las PAS podemos ver un problema a solucionar donde no lo hay, o nos metemos a resolver asuntos sin que nadie nos lo haya pedido, es decir, que con toda la buena voluntad muchas veces, nos podemos meter donde no nos llaman.

Y es que la empatía bien dirigida implica saber ponerse en los “zapatos del otro” y en ningún caso tiene que ver con imaginar cómo el otro andaría la vida o debería de andarla con tus zapatos.

La empatía no es asumir que lo que le va bien al otro es lo mismo que te va bien a ti, que lo que siente el otro es lo que tu sentirías en su lugar o que lo que debería de hacer el otro es lo que tu harías si fueses él.

Este error de ponernos a uno mismo como el centro del mundo, lo cometemos prácticamente todos los seres humanos en general, pero en el caso de las PAS, es que encima tenemos más probabilidad de no acertar cuando estamos asumiendo y adivinando como es la otra persona, porque la media de gente no tiene el rasgo y por tanto funcionan diferente.

Y así, las PAS paradójicamente podemos ser muy empáticas y tolerantes con ciertos temas y cierta gente ( por ejemplo, los animales, las minorías y los colectivos sociales desfavorecidos) y muy poco empáticas y comprensivas con otros asuntos (por ejemplo, las faltas de educación o de respeto o lo que nosotras consideramos como tales).

También veo a menudo como las PAS culpan a la empatía del hecho de que otros se aprovechen de ellas.

Pero el hecho de permitir que algunas personas se sobrepasen contigo, o de fundirse con el sufrimiento ajeno, tiene que ver con un problema de poner (o mejor dicho, no saber poner) límites, y con una gestión no adecuada de las propias emociones, no con el hecho de tener mucha empatía perse.

Otra falacia muy común es asumir que puesto que las PAS tenemos mucha empatía somos necesariamente muy buenas personas.

Y esto está muy alejado de la verdad.

Tener el rasgo no garantiza el ser una buena persona porque tanto la empatía como la sensibilidad (y otras variables que entran en juego en el rasgo) se pueden utilizar para hacer el bien o para hacer daño (independientemente a veces, de si la intención es buena), puesto que puedes entender muy bien al otro, y saber cuales son sus puntos débiles.

Por otra parte, las PAS cuando estamos sobre estimuladas, podemos ser de todo menos empáticas.

Y es que cuando estamos saturadas es normal que nos sintamos irritadas, o enfadadas, y que expresemos esas molestias con gente que no lo merece y no de las mejores maneras.

Además, la empatía por si misma, si no la llevamos a la acción, fácilmente conduce a la rumia y a la preocupación estéril. Y es que ¿de qué sirve pasarlo muy mal por ver alguna injusticia en el mundo si no haces nada para remediarlo?

En fin, que esto de la empatía, tiene mucha más miga de la que parece a simple vista, y en ningún caso va de ser adivinos, ni va de imaginar o asumir el cómo es o debería de ser el otro de acuerdo a mis propias creencias, valores e historia personal.

Y no va por supuesto de invadir al otro con consejos que no nos han pedido.

La empatía va más de mirar la vida desde el prisma de los demás, y para ello es necesaria una curiosidad genuina, una falta de juicios.

Es necesario el dejar a un lado las historias mentales de cómo debería de ser la gente, y el estar de verdad, abiertos a cómo es la persona que tienes enfrente.

Es imprescindible dejarse un poquito a un lado a uno mismo para entender realmente al otro (sobre todo si ese otro funciona muy diferente a ti).

Y por eso, necesariamente, la empatía requiere de autoconocimiento y de trabajo personal si queremos utilizarla de la manera correcta.

De esta manera, sí que la empatía se puede convertir en una herramienta para hacer mucho, mucho bien.

Te espero en los comentarios 😉

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